En las alturas de nuestras montañas nacen dos personalidades: el café Malcriado, rebelde y audaz, con notas intensas que desafían el paladar; y el "Biancriado", equilibrado y refinado, con sabores que acarician los sentidos.
Ambos criados en la misma tierra, bajo el mismo sol, pero cada uno con su propio carácter.
Como los tonos del café que van del marrón profundo al dorado brillante, Duclet celebra la diversidad de sabores que solo las cumbres cafeteras pueden ofrecer.
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